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lunes, 9 de marzo de 2009

"Los costes del despido como ideología", por Manuel de la Rocha

A medida que la crisis económica va agravándose y se incrementa el desempleo, distintos sectores de opinión vienen reclamando como solución más moderación salarial y la disminución de los costes del despido. Últimamente ha sido la OCDE la que propone recetas liberales como las mencionadas. Antes lo habían hecho en España, entre otros, el presidente de la CEOE, círculos empresariales de carácter ultraliberal y varios diarios económicos. E incluso en diversas tertulias de radio o televisión algunos periodistas, a la vez que se lamentaban de que los sindicatos no estén convocando una huelga general contra el Gobierno, unían su voz reclamando el abaratamiento del despido como fórmula para salir de la crisis. El Partido Popular no se atreve a decirlo de forma tan clara, pero las propuestas de Aznar y de FAES sobre reformas laborales indican que la rebaja del despido es también uno de sus objetivos [...].

España es, tras Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, el país con menor protección al empleo fijo, siendo muy superior en Italia, Francia, Suecia y Alemania, e incluso en Portugal, Polonia y Eslovenia. Igualmente un estudio de la propia OCDE del mismo año concluía que "la protección frente al despido de los trabajadores fijos en España está situada en el entorno de la media de los países desarrollados" [...]. Hay consenso en que la salida de la crisis debe conllevar un nuevo modelo productivo, con empleos de más calidad. Pero algunos confunden calidad con salarios más bajos y despidos más baratos.

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martes, 3 de marzo de 2009

"Los países emergentes ante el desarrollo comercial de la cultura", por Guillermo Mastrini

Dentro de la propia OMC algunos países han planteado que el sector audiovisual debe ser considerado como parte de la industria del entretenimiento o de las telecomunicaciones, y por lo tanto sujeto a reglas de liberalización, mientras que otro grupo de países que considera al audiovisual como un producto cultural, que merece un tratamiento diferencial.

Las políticas de hoy serán las que regulen la producción cultural del mañana. Es por ello que es preciso impulsar el conocimiento de este tema en la comunidad académica y en la sociedad civil en general. David Hesmondhalgh realiza una acertada advertencia al respecto cuando observa que la indiferencia pública es espejada por la ausencia en la literatura de los estudios de medios de "la formación de la política pública más general".

Es preciso tener una propuesta de política de comunicación y cultura en la OMC que supere los criterios tecno-economicistas. Esto supone en el plano nacional alertar a numerosos economistas que estarían predispuestos a negociar la liberalización del tercer sector a cambio de concesiones de los países del G8 en el sector primario. Por otra parte, implica tener una clara estrategia de participación en organismos internacionales como la OMC y la OMPI, evitando caer en resoluciones que puedan afectar seriamente la capacidad política de los Estados.

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jueves, 26 de febrero de 2009

"El estímulo económico de Obama", por Vicenç Navarro

Los reportajes que aparecen sobre EEUU en la prensa española reproducen con excesiva frecuencia la interpretación de aquella realidad que aparece en los principales medios de información de aquel país (y muy en particular en la cadena televisiva CNN). Se ha establecido así una imagen de que el candidato, más tarde presidente Obama, es el motor del cambio en EEUU, al atribuirle haber creado un movimiento deseoso de transformar la situación política y económica de aquel país. Esta interpretación ha alcanzado en España la categoría de dogma (y como tal se reproduce más a base de fe que de evidencia). Tal imagen, además de no corresponder a la realidad, dificulta la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Lo más importante de aquella realidad es la movilización de las clases populares en contra de los establishments económicos, políticos y mediáticos del país, movilización que antecede al fenómeno Obama. Hay un enfado generalizado en EEUU en contra de Washington, que representa el maridaje entre la clase política y el mundo empresarial y financiero (que se conoce en EEUU como la Corporate Class). La privatización del sistema electoral estadounidense determina que la mayoría de fondos que financian las campañas electorales de los candidatos provengan de los grandes grupos financieros, empresariales y corporativos. Y la ciudadanía es plenamente consciente de ello. De ahí el enorme descrédito de Washington.

Este enfado y movilización han hecho posible a Obama. El hecho de que no procediera de Washington (había sido senador por tres años) y que se opusiera a la guerra de Irak facilitó su identificación con la imagen de cambio. Ahora bien, para poder llegar a ser presidente necesitaba mucho dinero que procedió en su mayoría del mundo empresarial y financiero. Obama recibió 745 millones de dólares, de los cuales sólo el 25% vino de contribuciones de 200 dólares o menos (The New York Times, 06-01-09). La privatización en la financiación del sistema electoral estadounidense elimina la posibilidad de que un candidato de izquierdas pueda ganar la Presidencia en aquel país, pues la Corporate Class nunca le financiaría. Ello explica que Obama no sea una persona de izquierdas. Ahora bien, sí que es sensible a las presiones de las izquierdas, incluyendo los sindicatos.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

"Soñar con números. Sobre el impacto cultural y político de la crisis", por Jónatham F. Moriche

Psicólogos y psiquiatras han dado la voz de alarma: los sueños de sus pacientes están empezando a llenarse de números, de hipotecas, de deudas, de créditos, de acciones, de estadísticas de paro, de fábricas cerradas, de deshaucios... La crisis empapa también lo más hondo de la psique y el imaginario colectivos y da paso a una segunda ola del tsunami, que repercute el desastre económico en forma de desestructuración anímica y cultural. ¿Se está conviertiendo el desorden de los números en un desorden de las ideas y los estados de ánimo, un desorden de los imaginarios colectivos y los consensos culturales? El espíritu del capitalismo, ¿ha entrado también en crisis?

El descrédito de la aristocracia neoliberal y de sus métodos de enriquecimiento es estrepitoso, y se contagia a una clase política absolutamente ineficaz, cuando no abiertamente cómplice, ante sus manejos, incluyendo a un aparato partidario, sindical y mediático de la izquierda paralizado y escindido entre las exigencias de sus principios y el peso de sus intereses. ¿Hay algo de cierto en los principios éticos y las normas legales que supuestamente rigen el mundo económico? ¿Tienen alguna capacidad la soberanía popular y las instituciones que la representan para plantar cara a los poderes empresariales y financieros? ¿A beneficio de quién actúan los gobiernos, las instituciones y sus recursos? Estas son las preguntas que corren hoy como la pólvora entre una ciudadanía a cuyo descontento e indignación la izquierda no consigue, y en ocasiones parece que ni siquiera pretende, poner voz.

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