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lunes, 9 de marzo de 2009

"Consumo y barbarie visual", por Santiago Alba Rico

El mall o centro comercial vende estas “imágenes”, pero vende además sus copias, imágenes de imágenes abiertas al saqueo visual también de los pobres que no pueden comprarlas. El capitalismo no se reproduce sólo a partir de la explotación del trabajo; también lo hace a partir de la explotación de la mirada. En el mall o centro comercial convergen y se vuelven innecesarias todas las grandes instituciones de la cultura milenaria: el Templo, la Academia, el Museo, el Parlamento, franqueados ahora de una sola vez y en un solo espacio a todas las clases del planeta. Calientes en invierno, frescos en verano, bulliciosos y seguros, exhibición apabullante de la superioridad bárbara del capitalismo, sus galerías reúnen peregrinos de todos los estratos sociales y culturales. En El Cairo y en Caracas, en Lima y en Delhi, en Madrid y en Nueva York, los pobres urbanos ya no buscan un poco de brisa o de juego en sus días de asueto; como antes iban al campo, las familias de las clases medias bajas acuden ahora los domingos al mall más lujoso y frecuentado para contemplar la renovación mágica de las mercancías tras las vitrinas y consumir visualmente en grupo su ración de hambruna de colores.

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martes, 3 de marzo de 2009

"Los países emergentes ante el desarrollo comercial de la cultura", por Guillermo Mastrini

Dentro de la propia OMC algunos países han planteado que el sector audiovisual debe ser considerado como parte de la industria del entretenimiento o de las telecomunicaciones, y por lo tanto sujeto a reglas de liberalización, mientras que otro grupo de países que considera al audiovisual como un producto cultural, que merece un tratamiento diferencial.

Las políticas de hoy serán las que regulen la producción cultural del mañana. Es por ello que es preciso impulsar el conocimiento de este tema en la comunidad académica y en la sociedad civil en general. David Hesmondhalgh realiza una acertada advertencia al respecto cuando observa que la indiferencia pública es espejada por la ausencia en la literatura de los estudios de medios de "la formación de la política pública más general".

Es preciso tener una propuesta de política de comunicación y cultura en la OMC que supere los criterios tecno-economicistas. Esto supone en el plano nacional alertar a numerosos economistas que estarían predispuestos a negociar la liberalización del tercer sector a cambio de concesiones de los países del G8 en el sector primario. Por otra parte, implica tener una clara estrategia de participación en organismos internacionales como la OMC y la OMPI, evitando caer en resoluciones que puedan afectar seriamente la capacidad política de los Estados.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

"Soñar con números. Sobre el impacto cultural y político de la crisis", por Jónatham F. Moriche

Psicólogos y psiquiatras han dado la voz de alarma: los sueños de sus pacientes están empezando a llenarse de números, de hipotecas, de deudas, de créditos, de acciones, de estadísticas de paro, de fábricas cerradas, de deshaucios... La crisis empapa también lo más hondo de la psique y el imaginario colectivos y da paso a una segunda ola del tsunami, que repercute el desastre económico en forma de desestructuración anímica y cultural. ¿Se está conviertiendo el desorden de los números en un desorden de las ideas y los estados de ánimo, un desorden de los imaginarios colectivos y los consensos culturales? El espíritu del capitalismo, ¿ha entrado también en crisis?

El descrédito de la aristocracia neoliberal y de sus métodos de enriquecimiento es estrepitoso, y se contagia a una clase política absolutamente ineficaz, cuando no abiertamente cómplice, ante sus manejos, incluyendo a un aparato partidario, sindical y mediático de la izquierda paralizado y escindido entre las exigencias de sus principios y el peso de sus intereses. ¿Hay algo de cierto en los principios éticos y las normas legales que supuestamente rigen el mundo económico? ¿Tienen alguna capacidad la soberanía popular y las instituciones que la representan para plantar cara a los poderes empresariales y financieros? ¿A beneficio de quién actúan los gobiernos, las instituciones y sus recursos? Estas son las preguntas que corren hoy como la pólvora entre una ciudadanía a cuyo descontento e indignación la izquierda no consigue, y en ocasiones parece que ni siquiera pretende, poner voz.

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