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lunes, 9 de marzo de 2009

"Requiem por un bipartito", por Carlos Taibo

Habida cuenta de que la abstención no ha sido precisamente alta, el bipartito ni siquiera puede acogerse a un argumento vertido en muchos análisis: la posibilidad de que los numerosos casos de corrupción que atenazan al PP generasen, no sin paradoja, una general desafección hacia la clase política traducida en bajos niveles de participación que acabasen por perjudicar al PSdeG y al propio BNG. Sin desdeñar en modo alguno las secuelas del juego sucio al que se ha entregado con descaro el PP, conviene repetir que el retroceso de esas dos fuerzas, mucho más relevante que el livianísimo crecimiento popular, resulta tanto más doloroso cuanto que el reclamo del rival electoral era escaso. Además de reflexionar sobre esto, lo suyo es preguntarse por qué tantas gentes emplazadas en la izquierda y declaradamente nacionalistas se han sentido legítimamente defraudadas con un PSdeG alicaído y un BNG desnaturalizado.

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jueves, 5 de marzo de 2009

"Un nuevo y agresivo PP recupera el poder de la derecha en la Xunta", por Carlos Barros

El voto perdido por el bipartito responde, entre otros factores, a la frustración de las expectativas de cambio. Han sido penalizados factores como la continuidad en el despilfarro de recursos, la falta de diálogo de los partidos con sus bases, la proliferación de entidades paralelas a la administración con el consiguiente enchufismo o la arrogancia de quien toca el poder tras haber permanecido permanente en la oposición.

A pesar de la ilusión generada, PSOE y BNG no consiguieron desarrollar ni comunicar una alternancia en el fondo de la gestión para una sociedad cada vez más desencantada con los profesionales de la política. Sumando estos elementos a las consecuencias de la grave situación económica se explican en buena medida los resultados.

Los apoyos de las áreas urbanas, el principal granero del BNG, han propiciado ahora su derrota. Tomando como referencia a las siete grandes ciudades, el Bloque se queda con la mitad de los apoyos con que contaba hace 12 años. De haber llegado al 29,1% de los votos en 1997, superando al PSOE, descendió en 2005 hasta el 20,1%, continuando su debacle hasta anteayer, con un 15,3%.

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"Elecciones 1-M: Oportunidad perdida", por Antón Baamonde

Si hay que buscar responsables no hay ni que decir dónde es posible encontrarlos. Si los líderes del bipartito tuviesen oídos sabrían del rumor de fondo. Que después de años de hegemonía de derecha el electorado progresista y nacionalista quería gestos y realidades, no excusas de mal pagador. Pero el Gobierno prefirió llenar los oídos de cera. A Touriño y a Quintana les ha podido el reflejo de Fraga. Han practicado una política de diputación, de gestionar fondos y hacer carreteras para conformar al público. Han obrado con displicencia, pensando que ellos tenían mejor visión desde el monte que sus electores desde el valle.

Le han tenido miedo a los periódicos, a los empresarios y financieros, pero no a sus votantes. No es extraño que estos hayan hecho un amago de rebelión aunque la victoria del PP provenga, con toda probabilidad, de la movilización de sus propios votantes. Mientras han estado en el poder han eludido la política y se han instalado en un cómodo grado cero de la significación. En el fondo soñaban con que su Galicia clonase a la de Fraga. De ese sueño se han despertado como de una pesadilla. Los resultados les han devuelto, como un espejo, la imagen de lo hecho.

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"Elecciones 1-M Galicia. Victoria inmerecida, derrota merecida", por Suso de Toro

Pero, tras la convulsión social que desencadenó el Prestige y luego la guerra de Irak, un sector social que se mantenía en la abstención ante un dominio tan abrumador, acudió a votar y decidió el cambio posible, la alianza de socialistas y nacionalistas gallegos, dos fuerzas escuálidas por años de oposición. Ambos fueron aupados a la Xunta para que hiciesen otras políticas y gobernar de otra manera, pero esa ciudadanía que se había implicado emocional y políticamente llegó ayer a las urnas no desencantada, sino enfadada con ellos. Un enfado más duro del que imaginaban Touriño y Quintana. Sin duda, el bipartito hizo una buena gestión en determinadas áreas, incluso obtuvo buenos resultados económicos y una mejora de la cobertura social, pero no supo hacerlo visible y, en cambio, dejó al descubierto sus debilidades. Como si la vieja política, el fraguismo, fuese un gas que flotase en despachos y autos oficiales, impregnase las moquetas y se apoderase de sus sucesores en la Xunta. En estos años hemos visto demasiado continuismo y poco cambio. Y las bases sociales, allá lejos. La pérdida de votos es insignificante comparada con la destrucción de la ilusión y la esperanza de la ciudadanía que los votó para echar a andar otra Galicia.

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